El agridulce sabor de volver: Día 1 del Festival Estéreo Picnic 2022

Texto por: Sebastián Narváez Fotos por: Mateo Rueda

Dos eventos históricos sucedieron la noche del 25 de marzo, en la primera jornada del Festival Estéreo Picnic: la muerte de Taylor Hawkins, baterista de Foo Fighters, y un reencuentro anhelado, son las imágenes que quedaron marcadas en la memoria.

 

Un abrazo puede ser al mismo tiempo emoción y refugio, alegría y tristeza, vida y muerte. Los primeros, los que recargan, se veían tan esperanzadores en el ambiente durante el día. Pero entonces llegó la noche y con ella, los segundos abrazos, los de consuelo, los que intentan recomponer, los que duelen e intentan reconfortar.


Pasaron mil ochenta y tres días desde la última vez que nos vimos en ese espacio. 1083 días y una pandemia. 1083 días y varios encierros. 1083 días y un Paro Nacional represivo. 1083 días y varias víctimas de violencia policial, en su mayoría jóvenes. 1083 días y una sensación de extrañeza, de novedad.


Casi como si fuera la primera vez y no un reencuentro.


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Es extraño volver. La sola mirada alrededor trae recuerdos, las fotos en el aviso de la entrada, la pose con amigos bajo el letrero de "Bienvenidos a un mundo distinto", la ansiedad de querer ir a un show y que se te cruce con otro artista, la necesidad de encontrar un momento para comer, el pacto de encuentro a una hora y en un lugar para ir juntxs a ver ese artista en común. Ojalá cerquita, ojalá y me mire a los ojos, ojalá y aparezca en una pantalla.


Volver, en últimas, es vivir de nuevo eso por lo que pagamos para abstraernos de una realidad abrumadora allá afuera en el día a día. Es sentirnos libres y guardar memorias para después, para cuando la rutina nos vuelva a abrumar.


La primera jornada fue atravesada por la conmovedora Briela Ojeda, cuya música entra como un puñal de amor que atraviesa por capas. Primero la piel, luego el músculo, luego el hueso, luego el órgano. Un cuchillo de miel que aliviana el alma desde adentro y un show que celebró la amistad, compartiendo en escena con La Muchacha y N.Hardem, y viendo cómo paulatinamente mientras caía el atardecer, cada vez había más gente entrando en lo que ella llama el "Hakuna Matata", un estado de ánimo entre lo surreal y lo catártico.



Fotos por: Mateo Rueda


Y entonces, la adrenalina convertida en sudor, la emoción convertida en agitación. Gritos al unísono, como un coro masivo durante la presentación de Idles. Euforia colectiva convertida en saltos arrítmicos, abrazos agresivos, empujones emotivos. Hace tanto no nos sentíamos tan cerca, no sudabamos juntxs, no gritábamos juntxs, no nos desahogábamos juntxs.


Y entonces la rebelión de un hombre que abandona el escenario, que pide un cable infinito para tocar entre la multitud que lo rodea, comandando un círculo que se mueva alrededor suyo mientras otros en el público alzan sus manos para sostener el cable que prende de su guitarra y que se rehúsa a ser desconectado.


Fotos por: Mateo Rueda


Después de la descarga de dopamina, la tristeza súbita. Las palabras de Eric Burton de Black Pumas, anunciando la muerte de Taylor Hawkins, baterista de Foo Fighters. Y en adelante, el desconcierto. Pasar de un abrazo colectivo de reunión al abrazo colectivo de lamento. Faltaban unas horas apenas para llegar al escenario principal y fundirnos, de nuevo, en un show de esos impresionantes, del que todxs hablan. Un espectáculo que probablemente iba a terminar pirotecnia y resultó en sepelio. El único fuego que se encendió en el escenario fue el de las velas conmemorativas.


Nada, durante el resto de la noche, iba a ser igual. Lo que fue horas antes la emoción del reencuentro, se convirtió en la fragmentación de la partida. El silencio poco a poco se fue contagiando en el ambiente, como si se apagara todo en un efecto dominó.


Foto por: Mateo Rueda


Al final de la jornada, la incertidumbre se había traducido en cansancio, había fiesta luego de la media noche, pero nada sirvió para alivianar esa pérdida. En pequeños grupos de amigxs el tema rondaba como un fantasma, como si no hubiese paz en el ambiente.


Y definitivamente no la había.

Foto por: Mateo Rueda


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