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Música de mentira para personas reales

  • Foto del escritor: Viviana Rangel
    Viviana Rangel
  • hace 18 horas
  • 5 min de lectura

La IA está aprendiendo a musicalizar el dolor, pero no lo que significa sentirlo. En medio de las más de 75.000 canciones diarias creadas por IA, surgen muchísimas preguntas sobre el futuro de la música como la conocíamos.

Foto: Tomada del canal de YouTube Enjoy Jazz
Foto: Tomada del canal de YouTube Enjoy Jazz

Hace unas semanas YouTube me recomendó uno de esos videos random para acompañar momentos random. El título era Dark Jazz // Música atmosférica para viajes nocturnos en coche, en la portada había una mujer rodeada de humo, luces de neón, tonalidades verdes y rojas, su estética parecía la carátula de un vinilo viejo. Me dio curiosidad y le di play. 


Escuché durante un buen rato mientras hacía otras cosas, la voz me parecía familiar porque era una mezcla entre rock en español, indie y algo de jazz hecho por mujeres, incluso pensé que era extraño no conocer a la cantante.


Las letras parecían profundas y las voces tenían una fragilidad que uno normalmente asocia con música que sale del corazón. Ahí decidí leer los comentarios y encontré todo un debate entre desconocidos que denunciaban que todo el video estaba hecho con inteligencia artificial, que no existía la cantante y tampoco una persona a cargo de los versos o melodías. Algunas personas se sentían engañadas porque esa realidad cambiaba su perspectiva frente al disfrute de esas canciones y otros decían que no les importaba porque al fin y al cabo esa música les gustaba y cumplía con el objetivo de acompañarlos. 



Volví a escuchar las canciones pero me concentré más en las letras que en la melodía y la voz que venían gustándome. Tenía una sensación rara porque los textos me hacían sentir que eran profundos, pero no los entendía y, no sabía si eran rimas con un gran nivel de poética y yo era muy básica para comprenderlos. 

Entonces ahí decidí activar los textos del video y empecé a leerlos: 


“Guarda ceniza en la luz de la guantera como si el humo supiera regresar; la avenida gotea su fiebre extranjera y un semáforo tiembla sin poder hablar mientras tus uñas arrastran un resto de motel y mi pulso se esconde detrás de laurel ”
“Tu boca de mercurio me vuelve a buscar sobre un puente vencido de neón donde la ciudad se deshace queriendo sangrar y una radio mojada se quiebra en marrón mientras tus pestañas arrastran relámpagos de bar”

Cuando empecé a leer las letras me dio risa, miedo, curiosidad, todo en todas partes al mismo tiempo. Cuando intentaba seguir el hilo de la historia esas frases parecía que se fueran deshaciendo, no había un acontecimiento, no había una memoria, no había un conflicto. Sólo había imágenes cuidadosamente elegidas para producir una sensación. Y, aún así, funcionaban. 


Con ese video me surgieron nuevas preguntas y reflexiones; cuando escucho una canción ¿estoy buscando una emoción o estoy buscando encontrarme con otra persona?, ¿por qué escuchamos música? entre muchas otras que no tienen respuestas únicas y mucho menos sencillas.


Sobre el proceso creativo de la IA…


Las herramientas actuales de generación musical, como Suno o Udio, ya pueden producir canciones completas a partir de una instrucción escrita. Generan melodía, armonía, voz, letra, mezcla e incluso la imagen del supuesto álbum. No sienten nostalgia, ni han perdido a nadie, ni recuerdan una ciudad o una despedida. Lo que hacen es aprender patrones.


Durante el entrenamiento analizan millones de canciones y aprenden relaciones estadísticas, qué acordes asociamos con la calma, qué voces percibimos como íntimas y qué palabras como "neón", "lluvia" o "ceniza" aparecen una y otra vez cuando escribimos sobre melancolía. Aprenden cómo solemos hablar de la tristeza, mas no qué es la tristeza. La inteligencia artificial no está sintiendo una emoción, más bien, está reconstruyendo la arquitectura estadística de una emoción.


Las letras funcionan durante una primera escucha y nuestro cerebro completa el resto. Somos nosotros quienes proyectamos recuerdos, relaciones y experiencias sobre un conjunto de símbolos que parecen familiares, entonces ¿importa realmente quién hizo la obra? Si una canción consigue emocionarme, acompañarme durante una tarde de trabajo o aliviar un momento de soledad, ¿debería importar que detrás no exista una persona?



Una canción escrita por una persona suele comenzar mucho antes de que aparezca la primera palabra. Empieza en una experiencia, en un duelo, en una conversación, en un viaje, en una pérdida o en una alegría. Después vienen los borradores, las dudas, los silencios, las versiones descartadas y así viene la magia y la obra transforma también a quien la crea.


El proceso de una inteligencia artificial es distinto puesto que no parte de una experiencia sino de datos, no recuerda, no espera y no duda. Lo que hace es calcular probabilidades sobre cuál será la siguiente palabra o el siguiente sonido y así es que los datos terminan “construyendo emociones”.


La copia de la copia de la copia 


Recordemos que toda esta tecnología fue entrenada con obras creadas por seres humanos: canciones, libros, fotografías, películas, pinturas. Es decir, con siglos de creatividad acumulada. Ahora estos sistemas producen nuevas obras que millones de personas escuchan, leen o miran. Esas obras, a su vez, empiezan a circular por internet y probablemente terminarán formando parte del entrenamiento de los modelos del futuro.


La cultura comienza a alimentarse de cultura sintética, la copia de la copia de la copia. Una especie de endogamia cultural donde los modelos aprenden, cada vez más, de aquello que otros modelos produjeron antes. Situación que podría agravarse si poco a poco se va desincentivando el trabajo de las personas que se dedican a hacer música. 

No sé si ese escenario llegará a imponerse,  tampoco creo que debamos responder con el rechazo automático de toda innovación. La inteligencia artificial, usada con los criterios adecuados, también  podría abrir oportunidades reales para muchos artistas, democratizar herramientas creativas y facilitar procesos que antes eran costosos o inaccesibles. 


Más allá de lo estético y lo filosófico, también se empiezan a ver las consecuencias en los mercados de la música…


Plataformas como Deezer ya informan que reciben cerca de 75.000 canciones completamente generadas por inteligencia artificial cada día, el equivalente a casi el 44% de todas las nuevas cargas diarias. Al mismo tiempo, pruebas realizadas por la propia plataforma mostraron que la inmensa mayoría de las personas no logra distinguir entre música creada por humanos y música creada íntegramente por IA. 

Para intermediarios, sellos, plataformas, entre otros, podría hacerse más eficiente producir horas y horas de música sintética a bajo costo con una alta receptividad asegurada que invertir en artistas de carne y hueso. 



Antes de acostumbrarnos demasiado a esta nueva normalidad, vale la pena seguir haciéndonos preguntas. ¿Qué ocurre con la diversidad cultural cuando los sistemas empiezan a optimizar aquello que estadísticamente funciona mejor?, ¿Qué lugar ocuparán las voces pequeñas, las búsquedas imperfectas, los acentos, las rarezas y las obras que todavía no encajan en ningún patrón?, ¿Seguiremos buscando en el arte el encuentro con otra experiencia humana o nos bastará con una emoción suficientemente convincente?


Nada de esto lo escribo desde la certeza, más bien nace a partir de preguntas que todavía intento comprender. Quiero que la inteligencia artificial me ayude a pensar mejor, a investigar con más profundidad y a escribir con mayor rigor; lo que no quiero delegar es la pregunta por aquello que realmente nos nace decir, ni por las experiencias humanas que hacen que, incluso hoy, una canción siga siendo mucho más que una secuencia de sonidos. 

Este video, y todos los que después encontré siguiendo la misma fórmula, abrieron un camino de preguntas que ojalá podamos seguir construyendo colectivamente. En una próxima entrega quisiera explorar las consecuencias económicas y políticas que la inteligencia artificial generativa puede tener sobre la música y quienes la crean.


***

Viviana es consultora en derechos culturales y tecnología, síguela por acá. Mantente al tanto de lo que pasa en Sudakas.

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