Nadie: tres décadas de ruido, engrudo, memoria y resistencia
- Kelly Aljure

- 24 dic 2025
- 5 Min. de lectura
Treinta años después de su formación, la banda paisa Nadie volvió a Bogotá el pasado 12 de diciembre con Lado A – Lado B, un concierto que recorrió su historia musical y política. Entre pogos, memoria colectiva y nuevas generaciones, la banda reafirmó su lugar dentro de la escena del punk colombiano.
Para los melómanos y amantes de la música, y en especial para quienes han seguido durante tres décadas la historia de Nadie, la noche del viernes 12 de diciembre quedó marcada en la memoria de los asistentes. En Capital Live Concerts, en el corazón de Bogotá, Julián Velásquez (voz), Boris Adrián Niño (bajo) y Juan Silva (batería) presentaron El Concierto de Nadie: Lado A – Lado B, un recorrido que narró, a través de los acordes y los silencios, las distintas etapas de la banda.
Formada en 1994 en Medellín, Nadie cuenta con una trayectoria marcada por cinco trabajos discográficos y un EP, además de giras por países como Ecuador y Perú. A lo largo de su historia, la banda ha compartido escenario con referentes internacionales del punk y el rock como Misfits, Ilegales, Ataque 77 y Los Toreros Muertos. Su trabajo también ha dejado huella en la escena local al ser una de las agrupaciones pioneras en la producción de videoclips, impulsar el formato casete, promover el cartelismo callejero y apostar sostenidamente por la calidad musical e interpretativa.
Treinta años después de su nacimiento en Medellín, Nadie no se presenta como una banda anclada al pasado, sino como un proyecto que ha sabido sostener su identidad mientras dialoga con los cambios del tiempo. Lado A – Lado B no fue solo un repaso por su discografía, sino una confirmación de que el punk, cuando se mantiene honesto y colectivo, sigue siendo una herramienta vigente para expresar inconformidad y construir sentido.
La celebración de estas tres décadas de música y resistencia arrancó con Poison the Preacher, agrupación formada en Bogotá en 2020, que llevó el sonido a un terreno rápido y agresivo desde el inicio de la noche. Su mezcla de thrash metal y hardcore encendió al público con una descarga directa, sin pausas ni concesiones. Luego vendría el turno de Desarme en tarima con un repertorio sólido y frontal, como ha sido costumbre para esta banda que desde 1993 ha mantenido una coherencia en sus letras de crítica social y política que así como esta noche, a lo largo de su historia, han encontrado un eco en su público visceral, consciente e inconforme, preparando el ambiente para la salida de Nadie.
Ya en tarima, Nadie ofreció más que un concierto, una experiencia retrospectiva, un viaje al pasado con saltos temporales en los que demostraron su evolución musical, técnica y lírica a lo largo de 30 años de trayectoria. Temas como “Emilio Dice”, “Aquí estamos”, “Me sabe a sangre el corazón” e “Ideologías y radicalismos” retumbaron en el lugar y se hicieron fuertes entre pogos de ida y vuelta a lo largo de la noche, mientras su público se entregaba sin miedo a la energía rítmica de los riffs de Boris en diálogo constante con la batería de Juan y la voz desgarrada, directa y armónica de Julián.
La respuesta del público en Bogotá, tanto en escenarios recientes, como en el concierto de Capital Live Concerts, evidencia que la banda sigue encontrando eco en nuevas y viejas generaciones. Esa conexión no se explica únicamente por la nostalgia, sino por una coherencia sostenida entre discurso, música y formas de hacer: desde el “hazlo tú mismo” hasta el cartelismo callejero como acto político y estético.
Nadie continúa apostándole a la música como espacio de encuentro y reflexión, sin imponer consignas ni discursos cerrados, pero sí invitando a pensar, a cuestionar y a juntarse. En un contexto marcado por transformaciones sociales y tecnológicas, la banda reafirma que el ruido también puede ser memoria, y que la resistencia, cuando se hace en colectivo, sigue teniendo futuro.
Antes del concierto hablamos con Julián Velásquez, fundador, líder, vocalista y hoy por hoy único miembro de la formación original de Nadie, sobre la evolución musical y la postura política de la banda, su relación con el público a lo largo de tres décadas y el significado de Lado A – Lado B como síntesis de ese recorrido.
En 30 años de una banda, es usual encontrar transformaciones en sus ideas, su sonido y sus percepciones de la vida. ¿Cuál dirían que ha sido la evolución musical de Nadie desde una mirada política y social?
A nivel lírico, el punk se mantiene a través de mensajes contestatarios y revolucionarios, desde el desacuerdo permanente con muchas cosas. Musicalmente, el sonido ha variado con el tiempo, pero se siguen manteniendo los riffs y la crudeza, composiciones no tan elaboradas que responden a la idea primigenia del género. Desde lo político, Nadie no busca imponer una postura ni elevar una conciencia de manera directa, sino generar opinión, propiciar una postura crítica y apostar por la juntanza colectiva con un objetivo común. Además, están presentes las letras más intimistas e imaginarias.
¿Por qué el nombre Lado A – Lado B para este concierto?
Notamos que la gente sigue cantando y pogueando los temas del primer álbum. Entonces quisimos darle otro aire al show porque Monólogo de un perro con bozal es una producción que la gente apenas está asimilando. La idea es que el público se enamore más del disco, que lo siga escuchando y apoyando desde el “hazlo tú mismo”, sin depender únicamente de una empresa o una disquera. Lado A – Lado B es tocar dos discos y mostrar la evolución, las diferencias y el recorrido entre uno y otro.
¿Qué los ha impulsado a ser la banda que son hoy, teniendo en cuenta el contexto social y político de los años noventa, cuando surgió la primera formación de Nadie?
Nadie nace de la necesidad de expresar la realidad en la que crecimos: bombas, narcotráfico, muertes. Fue una realidad que vivimos muchas bandas en ese momento. Surgió la necesidad de no estar de acuerdo con eso, de expresarnos, de llevar un mensaje y de sacar algo hacia afuera.
¿Por qué mantener el cartelismo como forma de expresión, incluso en la era del marketing digital y las redes sociales?
Porque es una forma que funcionó hace 20 años y sigue funcionando. A eso se le suma ahora toda la ola digital. El cartelismo es otra manera de expresarnos en la ciudad, de hacer que los muros hablen: “aquí estamos, somos una banda de rock”. También es una respuesta contracultural frente a la violencia que vivimos en Medellín y en el país. Es una forma de decirle a la ciudad que somos arte, que queremos cosas gratas sin necesidad de matar a alguien. Además, es una manera de comunicarnos que tiene magia.
¿Qué cambios percibieron en el público tras su presentación en Boro-Room, junto a Triple XXX y Victimized, un escenario que cobró fuerza después de la pandemia?
En Boro-Room tuvimos una asistencia que nunca habíamos tenido, con un aforo cercano a las 700 personas. Eso demuestra que hay más gente escuchando la banda. La energía y la conexión fueron brutales y de alguna manera validaron el camino recorrido durante estos 30 años. Es el resultado del trabajo que se ha hecho en Bogotá, con escenarios como Rock al Parque, La Mama y el Lumière, sumado a la circulación por internet.
En 30 años han puesto la bandera del punk en un sinfín de espacios de todos los tamaños y en muchos rincones, ¿en qué otros escenarios les gustaría presentarse?
Me gustaría participar en la Media Torta, en un Tortazo o en un Punk al Parque. Recuerdo un concierto de Radiónica en el que estuvo Koyi K Utho. Son escenarios que siempre han estado ahí.
Agradecimientos a: Nadie, Colectivo la Copy Rat y Radion Collective. Todas las fotos por Carlos Congote.






















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