Cinco reflexiones que nos dejó el ESE 2025
- Kelly Aljure

- 15 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Durante cinco días, Bogotá se convirtió en un laboratorio de sonido, tecnología y comunidad, con la edición 2025 del Encuentro de Sonidos Electrónicos (ESE). El público pudo disfrutar de 9 actividades entre conciertos, laboratorios, charlas, talleres, instalaciones inmersivas y espacios de pensamiento. En 4 escenarios públicos, con participación de artistas y agentes culturales de 6 países. Hicieron de este festival un espacio donde la ciudad pudo pensarse a sí misma a través del sonido como un lenguaje que hoy une prácticas comunitarias, exploraciones tecnológicas, apuestas culturales y políticas públicas.

Tras varios días de actividad y luego de un par de semanas de tramitar ideas alrededor de lo que fue la más reciente edición del ESE en Bogotá, en el que se dio vida, entre otras cosas, a esta experiencia compartida entre clubes, instituciones, academia, artistas, públicos y territorios quenos dejó varias reflexiones respecto a la forma en que concibe la música electrónica. Entre memoria, presente y futuro nacen algunos pensamientos que permiten este hecho no solo como un evento, sino como un punto de inflexión cultural para la ciudad.
La música electrónica como parte de las políticas públicas culturales de Bogotá:
Hablar de la presencia de la música electrónica en las políticas públicas implica reconocer que el lugar de enunciación no siempre fue evidente. Desde varias iniciativas de la Subdirección de Equipamientos Culturales de Idartes, con el ESE 2002 y Bogotá Digital y Electrónica en 2011, hasta procesos paralelos como Bogotrax, la ciudad ha presenciado estos como hechos dispersos donde lo sonoro-tecnológico se presentaba como una inquietud cultural. El ESE 2025 demostró que esas semillas, antes marginadas o aisladas, hoy se articulan en un marco institucional consciente, listo para dialogar con una escena más madura, global y diversa.

2. La importancia de la alianza público-privada
Es entender que este junte es un motor necesario para impulsar una escena que crece paulatinamente. Es decir, si el distrito mira el valor cultural agregado de la electrónica, es porque existe un ecosistema mixto que lo sostiene entre instituciones públicas, universidades, organizaciones internacionales, academias de formación y clubes como Octava, Video Club, Gate Club y Proyecto Kinder, permitió que tuviera algo más allá de la fiesta: formación, pensamientos crítico y circulación de saberes. Lo público aporta legitimidad; lo privado, experiencia y comunidad; la academia, reflexión y metodologías. Y cuando estos mundos o esferas se encuentran, surge un espacio capaz de ver la ciudad y el sonido desde otra apuesta.

3. La apropiación de la electrónica de espacios públicos
Paralelamente a la oferta cultural diversa y activa en Bogotá, esta edición demostró que la apropiación de los espacios públicos transformó la relación entre la ciudad y la electrónica. Un festival sostenido por múltiples actores puede expandirse más allá de los clubes y recintos privados. El ESE 2025 ocupó escenarios gratuitos y descentralizados, desde la Media Torta, la Bahía del Teatro Jorge Eliécer Gaitán, el Teatro el Parque, hasta el Planetario y el Teatro del Ensueño, demostrando que la electrónica también puede ser un nuevo lenguaje para todos y todas, inclusivo, abierto, seguro y accesible. El uso del espacio público no solo democratiza su acceso, sino que redefine quién puede acercarse, qué territorios participan y cómo la ciudad se reconoce.

4. Una mirada latina de la electrónica
El ESE también amplió sus narrativas y fortaleció un ecosistema que apuesta por una electrónica profundamente latinoamericana. Esta edición reunió a productores de Colombia, Argentina —a través del sello Shika Shika—, Venezuela con Mad Skills, así como de Perú y Ecuador, articulando una perspectiva continental. Con propuestas que dialogan con raíces indígenas, afro, caribeñas, urbanas y experimentales; exploraciones que cruzan lo psicotrópico con lo andino y enlazan el techno con la cumbia, mostrando una identidad sonora que se reinventa desde el territorio.

5. El cuidado
Consciente de los prejuicios alrededor de la escena de la electrónica y los excesos que están presentes en contextos de fiesta, el festival le apostó a la responsabilidad colectiva e incorporó, dentro de su propio universo, una serie de prácticas de cuidado que expanden la noción misma de lo que significa vivir la música electrónica. Desde protocolos para la prevención y atención de violencias basadas en género, hasta acciones para garantizar un mínimo vital —hidratación, descanso, información y accesibilidad—, el ESE promovió un ecosistema donde la seguridad es entendida como un derecho y no como una excepción. A esto se sumó la promoción de prácticas de consumo consciente de sustancias psicoactivas (PSA), priorizando la reducción de riesgos y el bienestar integral de las personas participantes.
El festival entiende que, sin ambientes seguros, no existe la posibilidad de experimentar la música, de construir comunidad ni de proyectar un futuro sonoro sostenible. Por eso, el cuidado no es un complemento: es la base ética que sostiene una escena que quiere seguir creciendo sin perder su diversidad ni su vitalidad.

El ESE 2025 deja ventajas decisivas para la ciudad
Una escena que se reconoce como parte activa de la agenda cultural pública; una alianza público-privada capaz de articular clubes, instituciones, academia y comunidad; y un ecosistema creativo que consolida una identidad sonora latinoamericana en plena expansión. A los cruces entre lo psicotrópico, lo andino y el techno-cumbia se suman hoy expresiones que van más allá: el neoperreo, la guaracha, el latincore, el latin groove o el techengue, géneros que emergieron con fuerza en la post pandemia y que hoy sostienen un altísimo flujo de oferta cultural en Bogotá. Artistas como Peter Blue, Verraco, Lina Party, Aleroj de Muakk, entre muchos otros, evidencian que la ciudad vive un momento fértil donde las escenas híbridas producen nuevas estéticas, nuevos públicos y nuevas maneras de entender lo latino desde el sonido.
Los retos
Sostener esta articulación en el tiempo, ampliar el acceso a más territorios, fortalecer los protocolos de prevención de violencias basadas en género, garantizar mínimos vitales en todos los espacios y profundizar la educación en consumo consciente de sustancias. El desafío, en adelante, es transformar estos avances en una política cultural sostenible que proteja, expanda y acompañe el crecimiento de una escena que ya demuestra madurez, pero que aún tiene un futuro vasto por imaginar.
Kelly se tira buenas invitaciones culturales, síguela por aquí.





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