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Festival Asfixia: el pulso subterráneo del (DIY) en Bogotá

  • Foto del escritor: Kelly Aljure
    Kelly Aljure
  • hace 3 días
  • 6 Min. de lectura

Más que un encuentro musical, el Festival Asfixia, en su duodécima edición, fue un recordatorio de que el ruido puede ser independiente, que la distorsión puede ser unidad y que la comunidad se construye entre cada uno. Así lo vivimos.


Foto por: @kerosenepunk


La fuerza de la autogestión es esa que no se doblega ante las estructuras del Estado ni ante las lógicas del mercado; se arropa en el espíritu de lo colectivo. Es la certeza de que lo cultural no nace únicamente de los dineros públicos o privados, sino de la voluntad de quienes deciden crear desde la precariedad y la convicción. Esa energía llevó al punk y al hardcore a desbordar las noches capitalinas de Bogotá durante febrero de 2026.


El Festival Asfixia, en su duodécima edición, no fue simplemente un encuentro musical: fue un recordatorio de que el ruido puede ser independiente, que la distorsión puede ser unidad y que la comunidad se construye entre cada uno. En tiempos en que la industria insiste en domesticar la rebeldía, Asfixia se levantó como un espacio de resistencia, un eco persistente donde la filosofía hazlo tú mismo (DIY por sus siglas en inglés)  es la columna central para entrar a disputarse una industria que reduce el ruido y la consciencia colectiva en mercancía.


Como escribió Piotr Kropotkin en La conquista del pan: “La verdadera riqueza de una sociedad está en la abundancia de vida que puede ofrecer a todos, no en la acumulación de capital en manos de unos pocos.” Esa idea, escrita hace más de un siglo, encuentra eco en Asfixia, donde la música se convierte en un acto de redistribución simbólica: cada riff, cada acorde, cada voz, cada fanzine y cada discurso son una forma de devolver la cultura al pueblo, sin intermediarios ni mercaderes.


Foto por: @kerosenepunk


Durante cuatro días, el festival se convirtió en una pequeña ciudad donde punks de diferentes rincones del planeta se reunieron con una finalidad: hacerle contrapeso a las lógicas del colonialismo contemporáneo y el antimilitarismo. Las fronteras dejaron de existir, las guitarras distorsionadas, el bajo contundente, el tupa tupa de la batuka, las voces de cada una de las agrupaciones, el público a través de la intensidad del pogo, demostró que el respeto y la cooperación son la clave. Asfixia abrió el conspire el 12 y 13 de febrero en La Mecánica, en pleno epicentro latonero del 7 de agosto, arropando bajo las dinámicas de la economía popular y autosostenible, el 14 de febrero en el barrio Policarpa y el 15 de febrero con una toma callejera en la concha acústica de la plaza fundacional de Bosa, donde la entrada no fue dinero sino solidaridad: alimentos y elementos de aseo. Esa lógica de intercambio comunitario es, en sí misma, un manifiesto contra el mercado.


Fotos por: Camilo @_.k1000o._


El cartel fue un viaje sonoro por geografías diversas: desde la crudeza de Algo Sucio (Nueva Jersey) y la densidad atmosférica de Born (Islandia), hasta la furia melódica de Zorn (Filadelfia) y la introspección oscura de Träume (Polonia). A ellos se sumaron la energía abrasiva de Guff (Noruega), la potencia visceral de Soga (México), la intensidad de Inefable (Costa Rica), la experimentación de Dauflyn (Islandia), la fuerza melódica de Laxity (Polonia) y la crudeza urbana de Mercy (Nueva York). En el plano local y regional, nombres como Unidad Ideológica, Anti-Patria, La Gleba (Bosa), Dimensión Nocturna y Hiena (Pasto) completaron un mosaico que demuestra que el punk no es uniforme, sino un lenguaje múltiple que se adapta y se expande, cruzando fronteras y generaciones.


En cuanto a lo musical de esta edición, se revela un cruce interesante: el punk más clásico convivió con propuestas experimentales que rozan el post-punk y el noise. Esa diversidad no diluye la esencia, la fortalece. Porque el punk, más que un estilo, es una actitud: la de cuestionar, la de incomodar, la de abrir grietas en la normalidad. Y Asfixia, fiel a su nombre, nos recuerda que la vida puede ser asfixiante, pero la música puede ser el camino hacia la liberación.


La feria gráfica, los fanzines, accesorios, comida, y los estampados en serigrafía completaron la experiencia, reafirmando que este festival no es solo música: es cultura subterránea, es contracultura. En cada riff se escuchaba la nostalgia de quienes vivieron las primeras ediciones, pero también la esperanza de nuevas generaciones que encuentran aquí un espacio para gritar su inconformidad. Asfixia XII fue, en definitiva, un acto de resistencia sonora. Un recordatorio de que, mientras haya guitarras distorsionadas y voces que no se callan, habrá siempre un lugar para el punk en Bogotá.


Voces de Asfixia: testimonios desde la escena


En medio del estruendo de guitarras y del espíritu fraterno, nos detuvimos a escuchar lo que significa para las bandas y asistentes. Asfixia se convierte en metáfora y experiencia: un nombre que condensa la opresión cotidiana y, al mismo tiempo, la posibilidad de escapar a través del ruido.


Fotos por: Camilo @_.k1000o._

Desde Pasto, Hiena sostiene una apuesta política y decolonial precisa. Para ellos Asfixia, “es todo lo que no te deja respirar… no solo una acción física, sino las cosas que pasan alrededor nuestro. Estos espacios terminan siendo una salida a situaciones asfixiantes donde no ves ninguna ruta de fuga. También es llevarnos al límite: el mundo está tan lleno de cosas que debemos seguir buscando más y más para sobrevivir.” La agrupación subraya además el valor ético del festival: “Es un espacio que realizan personas cercanas, y lo valoramos porque creemos en el trabajo autogestionado. Somos una banda que no toca en escenarios financiados por el Estado ni por capitales privados, y para nosotros es importante mantenernos así. El festival es una salida, como lo es el punk y la contracultura, frente a dinámicas cada vez más cooptantes y asfixiantes.” Finalmente, su reflexión abre un horizonte colectivo: “El festival no se reduce a escuchar música: tiene un discurso, actividades y la escena lo valora un montón. Es un espacio donde hablar y mostrar lo que se hace desde la autogestión, desde las ferias, desde iniciativas como la escena vegana del pre-Asfixia. También es la oportunidad de aprender otras cosas, por ejemplo, desde el metal antifascista, y expresarlo ante públicos que realmente lo valoran".


Fotos por: Camilo @_.k1000o._


En contraste, desde los países nórdicos, Laxity compartió la emoción de cruzar fronteras y descubrir nuevas realidades. “Ninguno de nosotros había estado fuera de Europa, y esta es la primera vez en otro continente. Es una locura: gracias al punk podemos conocer nuevos amigos, ver cómo funciona la escena en otros lugares, cómo se vive el DIY en distintas partes del planeta. Es increíble estar aquí, hablar de política, de música, de la vida aquí y de la vida allá.” Para ellos, la inspiración es mutua: “Muchas bandas sudamericanas viajan a Europa y nos inspiran. El punk colombiano tiene un sabor propio, distinto a lo que se toca en Europa. Lo más interesante es cómo funciona la inspiración entre continentes. Si podemos aportar algo simplemente tocando y mostrando nuestro arte, eso es lo más importante: así se expande el punk por todo el mundo.”


Fotos por: Camilo @_.k1000o._


Por su parte, Dimensión Nocturna de Bogotá enfatizó la dimensión política del concepto. “Para mí, Asfixia es toda la opresión, el ahogo que proviene de la sociedad y de las personas que nos hacen mal. Es estar en contra de la discriminación, contra ese mal que nos asfixia día a día.” Sobre el festival, señalaron: “Es la manera de hacerle frente a esa asfixia que nos impone el sistema. Es luchar, pararse firme, hacer música, conseguir espacios autogestionados. Representa resistencia y la posibilidad de mantenernos fieles a lo que creemos.” Y respecto a la escena: “Es un ejemplo importante: autogestionarse, no depender de nadie más, buscar los espacios por cuenta propia y unirse con otras personas con el mismo propósito. El festival ayuda a mover la escena, a apoyar y promover las bandas, a mantener al público activo. Es la prueba de que el punk no está muerto, que sigue existiendo y que todavía hay resistencia desde la autogestión.”


Fotos por: Camilo @_.k1000o._


Finalmente, desde Filadelfia, Zorn aportó una visión cruda y directa “Asfixia es muerte, restricción de las fuerzas vitales, quedarte sin lo primero que necesitas para vivir. Es estar asfixiados por el mundo de hoy, una asfixia completa, sin posibilidad de escape. Una batalla contra las fuerzas que nos ahogan y nos mantienen sometidos.” Sobre el festival, destacaron: “Este es el lugar más lejano al que hemos llegado como banda. Nunca pensé que tocaría en Colombia. Es increíble, una locura, y nos sentimos muy afortunados de que la gente quiera que estemos aquí.” Y respecto a la escena local: “Lo que hemos visto es muy positivo. El verdadero espíritu del DIY está aquí, probablemente más fuerte que en el lugar de donde venimos. Desde afuera, parece una comunidad punk muy sana. Organizar y promover un festival así es un trabajo ingrato, pero lo que hemos visto aquí es resistencia, comunidad y un compromiso real con la autogestión.”


Fotos por: Camilo @_.k1000o._ 


En suma, Asfixia XII no fue únicamente un festival, sino la confirmación de que la contracultura sigue viva y que el DIY continúa siendo una herramienta política y estética capaz de cruzar fronteras, unir generaciones y desafiar sistemas opresivos. Lo que ocurrió en Bogotá durante esos días fue más que música: fue un acto de memoria insurgente, un espacio donde la solidaridad reemplazó al mercado y donde cada voz, cada riff y cada pogo se convirtieron en testimonio de que la cultura, cuando se autogestiona, puede ser todavía un arma cargada de futuro.

Kelly es una entusiasta de la noche capitalina, la contracultura y la celebración. Síguela por aquí.

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