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Milo J o el ultra-sentir de una generación

  • Foto del escritor: Sebastián Narváez Núñez
    Sebastián Narváez Núñez
  • hace 2 días
  • 7 Min. de lectura

Lo de Milo J en el Movistar Arena de Bogotá no fue solamente una parada más de la gira, fue la confrontación personal sobre el sentir, el miedo profundo que despierta la idea de la muerte, la consciencia de que nada es eterno, la conmovedora necesidad de cantar con el corazón y el abrazar la consciencia de la incertidumbre. Todo esto inspirado por el alma noble de un personaje de 19 años.


 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz
 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz

“Ella fue la que nos introdujo a Milo J”, dice Maria Paula mientras mira a Elizabeth, su hija, cantando ilusionada uno de los versos de “M.A.I” que suenan a través de las torres de sonido y retumban con fuerza en las gargantas de quienes, como ella, no han parado de cantar ni una canción durante la última hora. Elizabeth tiene 11 años, pero por cómo la veo cantar “Y aunque el orgullo a veces ocultó mis miedo' / Temo a caer y que no estés conmigo”, pareciera sentirse plenamente identificada con Milo que tiene apenas ocho años más que ella y un historial de dolores que ha convertido en canciones. 


-¿Qué opinas de que tu hija cante tan pasionalmente estas canciones que son tan profundas, un poco existenciales y muy sentidas?, le pregunto a Maria Paula.


-Yo creo que a nuestra generación no se nos permitió sentir y en esta generación, estos artistas se permiten transitar las emociones y eso es lo que nos une a todos, el poder traducir eso que se siente en canciones. Esta es una generación que se permite sentir con intensidad, me dice. 


 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz
 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz

Como Maria Paula y Elizabeth, hay también familias dispersas por todo el Movistar Arena en la misma actitud. Es un fenómeno particular, pues no todos los eventos permiten el ingreso de menores, pero además es imposible no conmoverse con la imagen de dos niños que no superan los 13 años, el menor sosteniendo el celular hacia arriba como queriendo ver la tarima desde su pantalla y el mayor detrás, abrazándolo mientras juntos cantan “Niño”, por ejemplo. O la imagen de una mamá grabando a su hijo, que a su vez se graba en modo selfie cantando “Penas de antaño”. 


-¿Qué te hacen sentir las canciones de Milo J?, le pregunto a Elizabeth, de 11 años. 


-Me hace sentir en un lugar seguro porque es una persona casi de mi edad y la melancolía y la nostalgia de su música me gusta mucho porque me genera mucha tranquilidad, dice ella emocionada, como quien no puede contenerse de la emoción ante los primeros acordes de cada canción que escuchaba en las mamás cuando se alistaban para el colegio y ahora las está viendo en vivo. 


De ese lugar de refugio que son sus letras y de esa nostalgia que está bañada su música, me habla a miles de kilómetros de distancia Daniela desde Barcelona, cuando le cuento que lo que más me sorprendió del concierto fue esa conexión particular de padres y madres con sus hijos. “Escuchar eso es muy inspirador, porque sí creo que este man (Milo J) logra algo que hace rato ningún músico de habla hispana lograba en mi y es que esas letras tan profundas que tienen que ver con la vida, con las que sí me siento interpelada, siento que es algo universal”. Cuando en “Niño” el artista argentino dice “Sé que te querés dormir pa’ no volver a despertar”, no importa si tienes 11, 19, 34, 45 o 60 años, “eso lo conecta un montón a uno con esos momentos en los que uno solo espera que sea la noche para dormir y no querer que amanezca para no enfrentar esa realidad que está sucediendo”, remata Dani.


 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz
 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz

***

Son, pasadas las 8:31 PM del lunes 20 de abril. En la tarima una pantalla negra deja ver la silueta de algo que no es ni montaña, ni nube, ni mapa, ni restos de una brasa ardiente, y al mismo tiempo es todo lo anterior gracias a un trabajo impecable de visuales que en medio de lo sutil logra crear escenas profundas con elementos puntuales y colores que desatan lo acogedor y lo crudo, una montaña en llamas o un atardecer apacible. En los parlantes suena el relato de una mujer en una lengua originaria, mientras de fondo emerge el ruido de una boca emulando una guacharaca, quizás. En las pantallas laterales aparecen de arriba a abajo


CANTEMOS

CON EL

CORAZÓN


Así, en un color naranja de fondo negro y en mayúscula sostenida, no como invitación sino como indicación. 


De repente las luces rojas pintan el escenario como templo, la figura de Milo se posa en la mitad respaldado por siete músicos virtuosísimos que llevan la ejecución más desde lo pasional que desde lo técnico. Cada golpe percutivo invita al baile, a la murga, despierta una sensación profunda de alegría quizás, pero también de emoción contenida, de esa misma que precede al nudo en la garganta que ahoga el llanto. Y mientras tanto, como una especie de Avatar, con un cuchillo clavado en la espalda, como quien muestra el dolor con el que carga, Milo J atina a volverse uno con el público cuando canta “Tengo unos tatuajes, bajo de la piel, que no cicatrizaron, y otros se reencarnan”. 


 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz
 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz

-Estoy sorprendida con la cantidad de niños que hay acá, me dice Simona. 

-A Emilio le encantaría, se lo tengo que poner, remata.

Y sí, es impresionante no solo la cantidad de niños, sino la devoción del público en general. Porque sí, a Milo se le canta con el corazón y con devoción. 


Esa noche y la anterior también en Bogotá, de manera magistral, Milo J trazó una línea entre La Vida Era Más Corta y el 166 temas como “M.A.I” y “Una bala”, de su debut 111 y otros como “Fruto” y “No soy eterno” de su EP En dormir sin Madrid, repasó una discografía con más de 30 canciones que fue hilando a lo largo de la noche, incluyendo a los viejos conocidos que lo vienen siguiendo desde su época más urbana y de trap, aquellos que lo han descubierto por sus colaboraciones más pop como la de “El Bolero” con Yamie Safdie, y otros que, como yo, llegamos por La Vida Era Más Corta y resonamos con esa particularidad de ver en Milo reflejado no solo un interés genuino por su folclor nacional, sino una búsqueda existencial que él describe como “un aire de pesimismo bastante constante. Ese pesimismo que a veces no nos deja disfrutar de los momentos porque se nos va el tiempo pensando que la vida es corta”.


 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz
 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz

“Me parece muy tremendo porque logra exponer este tipo de cosas cotidianas en palabras profundas y con una música al final muy popular”, me dice en una nota de voz Daniela, que estando recién llegada a otro país describe la música de Milo como eso que acompaña instantes de contemplación y cómo esa contemplación lleva a la nostalgia y cómo el concepto de la nostalgia abarca la realidad que la rodea y que ella va construyendo a diario, lejos del hogar. “Entonces claro, este man me despierta este concepto de la nostalgia y para mí eso fue tan importante. El entender que hay muchos pensamientos intrusivos que cuando uno logra materializar a través de una creación propia, uno descansa”. 


Quizás sea esa capacidad de ultra-sentir lo que hace también especial este show. Desde su inicio y durante dos horas se escuchaban gargantas forzadas hasta la disfonía gritando TE AMO MILOOOOOO, entre los silencios de las canciones. 


Pero también hay algo de cierto en lo que me dice María cuando nos confrontamos con la idea de tanta gente adolescente sintiendo tanto cada canción de las muchas que hablan de dolores y miedos profundos. Para Maria, “esta es una generación que después de la pandemia siente esa necesidad de sentirlo todo intensamente, porque en cualquier momento puede pasar algo que lo cambie todo”. 


 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz
 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz

Quizás este clima de guerras e incertidumbre nos esté confrontando con esa idea de que lo mejor es no dejar para mañana lo que puedes sentir hoy, abrazar a la persona que tienes en frente, susurrarle “en tus brazos siempre en tus brazos”, despojados de todo miedo, entregados a sentir simplemente porque no sabemos el futuro qué será. 


Y es quizás por eso mismo que las letras que surgen de su corazón noble traen un relato universal que nos atraviesa a niños, jóvenes y adultos por igual. Es la necesidad de cortar con el anhelo de lo que pueda venir y concentrarnos en esa máxima del mindfulness del estar aquí y ahora. La capacidad de romper con los estereotipos de que lo urbano no puede salirse de sus patrones de ritmo solo para llegarle a más gente, sería perdernos de las curiosidades que han llevado a Milo J a explorar sus propias raíces, el habitar la emoción de la murga y la música santiaguera. Nos perderíamos de junte entre lo clásico y lo contemporáneo, entre Silvio Rodríguez y Milo, entre Mercedes Sosa y Milo, pero también ese reconocimiento de las figuras actuales como Akrilla, Paula Prieto, Trueno, Radamel o Silvana Estrada a quien invitó a cantar en la primera noche en Bogotá. 



***


Milo J es un puente, un punto de encuentro. 


-Me pregunto cuántos de estos pelados que cantan con Milo J escucharán a Fito o a Mercedes o si conocerán a Gustavo Santaolalla, me dice Simona, como quien conecta generacionalmente lo que estamos viendo y aquello sin lo cual no existiría este fenómeno actual.


Mientras de fondo suena “Luciérnagas”, la canción que Milo J escribió el día que falleció su abuela, y que habla justamente de la pérdida de un ser de luz que brilla mientras desaparece en la oscuridad, le pregunto a Maria Paula, qué tanto comparten con su hija el gusto por esa otra música.


 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz
 Foto por: Katherin Ortiz | @kttortiz

-Yo a ella le he mostrado a Silvio a Fito, y le encanta, yo crecí con Mercedes, entonces claro, uno les hereda eso, dice ella. 


La canción termina y Elizabeth corre a sus brazos. No hay un final más justo para cerrar esa idea mental de un cierre en las brechas generacionales, un fenómeno que hermana a ese corazón viejo en un cuerpo de adolescente con una audiencia diversa a la que interpela  y hace sentir identificada y parte del sentimiento que inspiró sus canciones. 


Lejos de las dinámicas políticas de la actualidad, y del ruido constante y abrumador, Milo J también propone una mirada política pero sobre el sentir con intensidad, pues es quizás eso lo más político que nos podamos permitir nosotros también, el sentir intensamente y sin miedo. 


Ante la incertidumbre de estos tiempos convulsos: sentir. 



***

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