top of page

TEMPORADA 9 PRONTO  | INSCRÍBETE

Headerl-Logo-Sudakas-Small.png

"Todos estamos muy tristes": reflexiones posteriores al FICCI 65

  • Foto del escritor: Alejandra Medina Nocua
    Alejandra Medina Nocua
  • 29 abr
  • 6 Min. de lectura

Asistimos a la edición número 65 del Festival Internacional de Cine de Cartagena y este es nuestro balance tras días de enfrentarnos a una curaduría dura de ver, compleja y por esto mismo importantísima, llena de historias íntimas, más manuales e incluso artesanales.


Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_
Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_

Como bien ya lo dijo Pedro Adrián Zuluaga, al hablar de esta última edición del FICCI, "cada espectador va tras un festival particular", que, en mi caso, se sintió gigante, emocionante e imposible, con muchísimo por explorar, pero asimismo con un cansancio avasallador de intentar ver tanto y quedarme pasmada frente al dolor de las imágenes.


Narrar lo que fue el festival me es una tarea dificilísima por esto mismo, porque no se puede estar en todo lado, pero aquí dejo mis impresiones tras los días de deslumbramiento que vivimos, las historias que nos quedaron más allá de la mente y las torpezas que también recordamos.


Despojo, desaparición y lucha


"Hoy vi la misma película tres veces", me dijo Julián, con el corazón en la mano, después de ver 'Nuestra Tierra' de Lucrecia Martel y habiendo estado antes en la retrospectiva de Marta Rodríguez, donde se proyectaron 'Campesinos' y 'Planas, testimonio de un etnocidio'. Las tres películas comparten un eje: el despojo de tierras. Las tres, además, comparten una crudeza particular y se muestran lo más honestas que pueden: no hay un final mejor, mas sí un esfuerzo por contar juiciosamente y dejar memoria de los atropellos y la burocracia aterradora que hace imposible la repartición justa de las tierras en América Latina.


En el Q&A de 'Nuestra Tierra', María Alché, la guionista de la película, hablaba de la lucha tautológica y kafkiana que implicaba reclamar las tierras para los indígenas Chuschagasta en Argentina. "Casi que la investigación fue una educación para nosotras muy precisa de entender ciertos mecanismos de cómo los expedientes iban para un lado y para otro. Uno lo puede decir en una frase: era negarle a la comunidad su territorio, pero haciéndola perder un montón de tiempo haciéndole creer que con ese papel iba a pasar algo".


Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_
Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_

La historia es igual en Colombia y los documentales de Marta son prueba de ello. Esclavitud, engaños, robos históricos y el rechazo sostenido a comunidades se entretejen en las historias que cuentan Marta y Lucrecia, quienes parecen compartir esta obsesión por los sistemas que parecen inamovibles y las personas que los resisten.

Este FICCI estuvo, al menos para mí, compuesto de esos recordatorios de la lucha dificilísima versus la máquina gigante. La proyección doble de 'Palestina, Otro Vietnam' y 'Riochiquito', dos documentales hechos correspondientemente por argentinos y franceses, fue otro momento valioso de conversación, donde Laura Alhach, Carlos Sánchez y Pedro Adrián Zuluaga conversaron alrededor de cómo se empiezan a transformar los archivos históricos visuales de guerra: desde la masacre, la derrota y los cuerpos yacentes a los cuerpos en pie de lucha, donde se permite también observar el día a día más allá de las muertes.


Películas como 'El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar', 'Las almas ni los ojos', 'Manual para invocar fantasmas' o incluso 'Crocodile' tienen su génesis en la dificultad y cómo esto logra transitarse. La única salida es atravesando.

Dentro de estos espacios muchas veces dolorosos y difíciles de observar y habitar en la sala, uno se acuerda de por qué es importante ver cine, porque así uno también saca, se emociona, lo habla con otros. El dolor compartido de pronto duele menos. La proyección de 'Queimada', película grabada en Cartagena, fue una de esas donde se escuchaba a la gente emocionada porque por fin, al final, mataban al personaje de Marlon Brando, quien encarnaba la maldad blanca colonial. O también uno escuchaba los sollozos en Feito Pepa durante la noche inaugural. Al final siempre salimos de la sala con Julián, mayormente abatidos, no necesariamente esperanzados, pero al menos con ganas de seguir contando cosas, porque es importante.


Nuestra impresión personal de la edición de este año fue la de una curaduría dura de ver, compleja y por esto mismo importantísima, llena de historias íntimas, más manuales e incluso artesanales, (siendo ‘Lolita en Honda’ un ejemplo brillante de esto). Lo anterior le dio un tono también al sentimiento del festival que se solapó con la muerte de dos personas durante la grabación de Sin Senos No Hay Paraíso. "Silencio en el set" compartían las personas en su IG, llevando a una publicación que no contaba mucho de qué había pasado. Alguien más en mi Instagram escribió una opinión que comparto: que silencio ya hay demasiado, que toca es seguir contando, algo que reafirmó para mí esta curaduría que vimos.


La pregunta por los cacharros logísticos


El festival de cine de Cartagena ya lleva 65 ediciones. El número es gigante, es el festival más antiguo de cine en Latinoamérica. Si uno lo compara, es el doble de lo que lleva, por ejemplo, un Rock Al Parque existiendo. Pero estando yo más cerca al mundo de la música, me cuesta comprender por qué siendo un festival con tantísima experiencia en su hechura, sufre de muchos más percances que los que puede notar uno en un festival de otra índole.


El sonido se estallaba en las proyecciones, se iba la imagen, se retrasaban los horarios, algunas películas tenían momentos sin subtítulos en español, no había información sobre quiénes estaban en los Q&A's, la página hasta pocos días antes de empezar el festival tenía horarios incorrectos e información incompleta de las películas; e incluso cuando se fue la luz en la proyección de Rodrigo D. No Futuro (eso no es culpa de nadie y es imposible de prever), al volver a ponerla se saltaron la escena favorita de la que Víctor Gaviria habló después.


Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_
Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_

Lo anterior se suma a dificultades de comunicación en las redes, como promocionar una noche / fiesta de tributos en Fenix Beach seguida de imágenes de Ben Rivers, Consuelo Luzardo y Natalia Reyes, entre otros, sin ninguna explicación extra. "¿Y eso qué es? ¿El line-up?" me decía Julián y nos reíamos sin entender muchas cosas, pensando también que algunas comunicaciones se sienten hechas para un público de nicho cerrado donde difícilmente está uno y que es muy difícil encontrar información. 


Me queda la sensación de equipos a los que tal vez les cuesta articularse y empaparse de lo gigantesco que es el festival y de la cantidad de brazos que tiene. De nuevo, no puedo decir que esto sucedió todo el tiempo, pues así como estuve en muchos espacios, hubo más donde no estuve; pero sí era curioso que pasara tan seguido y espero que sea algo que pueda afinarse para la experiencia de quienes asisten al festival y quieren poder vivirlo sin adivinar qué están diciendo en otros idiomas o por qué está sonando tan duro el audio.


Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_
Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_

"Todos estamos muy tristes"


La palabra "festival" se deriva del latín "festivalis" y ese mismo sale de festus, es decir, "fiesta". Pero no creería que lo que vivimos este año se categorice dentro de una fiesta dedicada al ocio o a la diversión, y ese fue el carácter que tomó mi experiencia personal. Lo conversaba con varios amigos en momentos distintos cuando los encontraba, quienes me contaban que no habían visto tanta gente joven ni tanta fiesta como en años pasados, que ya no se le sentía ese espíritu universitario al festival, que de pronto los tributos no eran tan conocidos y la gente no se animaba tanto a ir, que igual quedaban cansados después de ver tantas películas, que se sentía distinto.


"Uf, es que todos estamos muy tristes, ¿no?" me decía alguien después de hablar de las películas que habíamos visto y del estado actual del mundo, y no es para menos. La hipervisibilidad de la crueldad, el aparente síndrome del impostor generacional y la sensación de que el mundo está especialmente difícil de vivir me hace pensar en lo que sentimos al presenciar 'Las Corrientes' de Milagros Mumenthaler, la última película que decidimos ver en el festival y que describe esa sensación de extrañeza en un mundo donde, a pesar de que todo pueda estar saliendo bien, se siente desde una otredad teatralizada donde pareciéramos estar fingiendo, pues en el fondo hay un anhelo por desaparecer, poner pausa, llegar a un silencio y frenar la existencia que no termina de encajar en la piel propia.


Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_
Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_

Una vez más resalto especialmente la labor curatorial por darle un tono a esta edición que, aunque no es necesariamente hiper-optimista ni esperanzador, sí es reflexivo e invita a la pausa, a observar detalles y miradas expandidas no solo del norte global sino del sur que comparte tantos sufrimientos y preguntas. 


Quedo con la deuda de conocer más espacios del festival como Cine En Los Barrios, donde posiblemente se tejen miradas con más perspectiva hacia el futuro del cine, y así mismo quedamos con ganas de volver para seguir entendiendo el público que está cultivando el FICCI y cómo acercarlo de nuevo a públicos más jóvenes; no necesariamente volverlo una fiesta, pero sí recordarnos que podemos contar también desde el gozo.


Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_
Foto por: Julián Urrego | @_vagomundo_

Comentarios


bottom of page